
Condicionadas por la necesidad de ampliar las ventas de equipaciones, las selecciones nacionales han mutado de tal forma sus colores que, como en el caso de la última fecha FIFA, resultan difícilmente reconocibles.
Ante Croacia, en Split, los oranjes (Holanda) jugaron de azul. En Málaga, "les bleus" (Francia) vistieron de rojo y "la roja" (España), de amarillo. Para terminar de complicar la situación, Inglaterra adornó el debut de Fabio Capello con la indumentaria roja, mientras que su rival, Suiza, vestía de blanco.
En La Rosaleda, los aficionados que vestían de rojo animaron a un conjunto amarillo que jugaba contra otro de rojo, quien a su vez, recibía el apoyo de un grupo de hinchas con indumentarias azules.
En Wembley, era complicado saber quién era Inglaterra y cuál Suiza, porque trocaron los colores que han utilizado más a menudo en los últimos años.
Las segundas equipaciones tenían su sentido, en tiempos de la televisión en blanco y negro, desde el Mundial de Suecia'58, el primero televisado, hasta mediados de los años 70, cuando en las retransmisiones había que distinguir entre equipos que vestían de claro y los que lo hacían de oscuro.
Con la llegada del color, hasta los árbitros dejaron de ser los señores de negro y los cambios de indumentaria se justificaron por la similitud en las tonalidades de las equipaciones, pero siempre cambiaba el visitante.
El "márketing" ha llevado al extremo esta situación, de forma que ya no hay más justificación que la intención de ampliar mercado.
Holanda jugó en Split de azul claro ante Croacia, que mantuvo su camiseta ajedrezada con los escaques blancos y rojos. Podría haber mantenido el color naranja que no sólo distingue a la selección de fútbol, sino que es un distintivo del país desde el siglo XVI, con Guillermo de Orange (Willem van Oranje-Nassau).
El conjunto de Marco van Basten vapuleó (0-3) a Croacia. Se exhibió ante la selección revelación, la que eliminó a Inglaterra de la Eurocopa. ¿Cómo denominar, ahora, a la que desde el Mundial de Alemania es la "naranja mecánica"?.
A la selección francesa se le conoce como "les bleus" (los azules). Todos sus recuerdos gloriosos, desde el gol de Michel Platini a Luis Miguel Arconada, en la Eurocopa de 1984, hasta la "sagrada" coronilla de Zinedine Zidane, frente a Brasil en la final del Mundial 98, se tiñen de azul, pero acudió a Málaga vestida de rojo, el color con el que se identifica a España.
No pudo justificarlo por la tradición, ni por un buen recuerdo, porque no jugaba con esa indumentaria desde 1906, cuando Inglaterra le aplastó por 15-0, en el albor del fútbol de selecciones.
España, mientras, jugó con una camisera oro. Los italianos bautizaron a los españoles como 'la furia rossa' (la furia roja) por el ardor que pusieron en los Juegos de Amberes 1920 (los del "a mí el pelotón, que los arrollo") y el sobrenombre cuajó. El miércoles, de oro y blanco, los de Luis Aragonés sorprendieron, no sólo a Francia.

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